Felicidad lúcida y consciencia
Actualizado: 12 oct 2020
Hoy trataremos un tema de verdad muy relevante que pocos especialistas se atreven a tocar: la consciencia humana.
Como ya hemos visto en nuestros episodios anteriores, la felicidad es una experiencia autopercibida y consciente con una dimensionalidad propia que se origina naturalmente en nuestra conexión con la vida.
Sí, y voy a repetirlo, se origina naturalmente en nuestra conexión con la vida. No en tus momentos de entretenimiento, ni en tu bienestar, ni en tus compras, ni en tu posición social, ni en tu éxito, ni en tus ingresos, o tu colección de bienes. Claro que, metafóricamente, algunos de estos elementos de tu realidad contribuyen como variables a la ecuación de la felicidad, pero no son directamente el resultado, es decir, la solución. ¿Por qué? Tú puedes tener todos y cada uno de estos beneficios y aun así no realizarte en la felicidad.
Para profundizar en este punto, te invito a leer en este blog o escuchar en nuestro canal de YouTube la entrega titulada: “¿Qué es la felicidad?”.

Permíteme ilustrar mejor mi punto. Los países escandinavos hoy son llamados las “superpotencias de la felicidad”, debido a que Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia, por lo general ocupan los primeros lugares en el Informe Mundial de la Felicidad de la Organización de las Naciones Unidas. Por felicidad, los investigadores entienden el concepto de bienestar subjetivo autopercibido, noción más cercana a la satisfacción de las necesidades básicas, emocionales y sociales, lo que bajo mi modelo, no necesariamente se precisa como felicidad consciente y consciente.
Pero… no todo es perfecto en estos países, por ejemplo, Islandia encabeza el consumo mundial de antidepresivos y en general los países nórdicos son los primeros lugares en la tasa mundial de suicidios, aunque debo de reconocer que ésta se ha reducido con los años, gracias a aspectos culturales.
Mi punto es que, cuando el tema es realizarse en la felicidad, tus bienes, todos tus momentos de diversión, tus nuevas compras, tu posición social, tu éxito en los negocios y tus ingresos, no son la respuesta. Quizá no lo entiendas en este momento, pero créeme, me gustaría que tuvieras todo lo que deseas, todas y cada una de las cosas que quieres, para que puedas darte cuenta de que el hacer y el tener nunca han sido la respuesta.
¿Cuál es la razón? Nuestras culturas occidentales se basan en la idea de que funcionemos adecuadamente desde una perspectiva económica, psicológica y social. Y en cierta forma, eso es necesario para sostener el pacto social, aunque quizá produce cierto malestar, de acuerdo a la reflexión de Freud en su libro “El malestar en la cultura”. Pero también nos da la falsa esperanza de que seremos felices al lograr metas importantes, o cuando una persona específica se convierta en nuestra pareja, al tener un mejor trabajo, al ser ascendidos y ganar más dinero, al obtener la libertad financiera, al comprar una casa más grande o al adquirir ese bien que por tanto se ha deseado poseer.
Si cualquiera de estos eventos ocurriera en tu presente, ahora mismo como por arte de magia, te emocionarías y te alegrarías mucho. Pero todo tiene dentro de sí la semilla de su final, y al terminar ese subidón de hormonas, volverías paulatinamente a tus valores o niveles emocionales iniciales, los cuales tienen una fuerte base genética. Esto quiere decir que difícilmente cambian por tu mero deseo o decisión, pues está grabado en la mente inconsciente y en tus genes. Por eso la felicidad no es una decisión ni una actitud, ¿te das cuenta?
Cuando logras tus metas materiales, tu alegría y satisfacción son siempre pasajeras. A este fenómeno psicológico se le llama adaptación hedonista, es decir, después de una gran experiencia que te emociona, eventualmente volverás a tus niveles emocionales acostumbrados de bienestar o malestar autopercibido.
Debo aclarar que la felicidad también es una condición transitoria que fluctúa dentro de su misma gama anímica o fuera de ella. Pero, pon atención, el proceso es muy diferente: tu felicidad puede ser una condición consciente; mientras tu alegría, tu tristeza o tu ira son fenómenos emocionales de carácter fisiológico, inconsciente, involuntario, que suceden automáticamente sin que te des cuenta.
La gran diferencia es que sin una consciencia activa, tu psique sube y baja estrepitósamente dependiendo de los estímulos externos que te influyen, como las noticias, tus discusiones del día, o los problemas en tu trabajo o con tu pareja.
Sin embargo, debido a las circunstancias cotidianas que mencioné, la consciencia se cubre en ocasiones con pesadas nubes anímicas y emocionales. El panorama se ve negro, tormentoso. Pero si elevaras tu consciencia más allá, muy por encima de tus tormentas emocionales, verías que tu ser continúa resplandeciente sin importar lo que suceda en la anécdota de tu vida cotidiana.
La felicidad es el estado natural de tu ser, y también puede sostenerse como tu nivel de consciencia dominante. Y la consciencia está por encima de toda tu problemática personal. Podría afectarte una situación de verdad significativa, como el fallecimiento de un ser querido, pero si discutieras con tu vecino no mascullarías el problema todo el día, aprenderías a vivir y apreciar la experiencia consciente de ti mismo fluyendo a través de tu conexión con la vida. Ahí es donde podría estar centrada tu atención, tu enfoque mental, tu energía, no en el problema.
Como expreso en mi libro, Las 5 dimensiones de la felicidad, somos seres conscientes viviendo, apreciando y expandiendo nuestra experiencia humana.
A grandes rasgos, y para los propósitos de este contenido digital, consciencia es la facultad del ser a través de la cual nos reconocemos a nosotros mismos, nos integramos al presente absoluto de la realidad inmediata y comprendemos el impacto de lo que somos, pensamos y hacemos, en la construcción de nuestra relación con el mundo.
Eso es la consciencia.
La consciencia es nuestra única facultad capaz de darle continuidad y consistencia a la felicidad, que metafóricamente puede dejar de ser la llama momentánea de un fósforo en la oscuridad de la noche, como la gran mayoría la vive, para consolidarse como el calor de un sol radiante que nos acompaña en cada estación de nuestra vida, siempre luminoso por encima de los nubarrones anímicos y las tormentas emocionales.
Una felicidad consciente y consistente es la dicha de vivir tu propio cielo en la Tierra ahora mismo, de ver realizado en tu interior lo que muchos asumen como "imposible", porque no entienden su naturaleza y el proceso que la manifiesta.
Como la mente, la consciencia es una de las facultades esenciales del ser, pero ambas son de naturaleza muy diferente. Gracias a la primera, tú eliges, razonas, recuerdas, imaginas, analizas, investigas y aplicas en la vida diaria, tu comportamiento y conocimiento social, laboral, tecnológico, artístico y científico.
Y gracias a la consciencia comprendes la experiencia de ser tú mismo, contemplas sin juicio lo que sucede en tu interior y a tu alrededor, te das cuenta del impacto de lo que sientes, piensas, dices y haces, en la vida de otros individuos y seres vivos, en el medio ambiente, en tu comunidad y en el desarrollo de tu propia persona.
Si aspiras a realizarte en la felicidad, para ti será urgente expandir y refinar tu consciencia. Puedes ser alegre en muchos lapsos aislados de tu vida, pero no feliz por periodos sostenidos, frecuentes y significativos.
¿Por qué es la consciencia tan importante? La consciencia lúcida activa es nuestra única facultad capaz de darle continuidad y consistencia a la felicidad, que metafóricamente puede dejar de ser la llama momentánea de un fósforo en la oscuridad de la noche del instinto, como la gran mayoría la vive, para consolidarse —metafóricamente— como el calor de un sol interior que nos acompaña en cada estación de nuestra vida.
Cuando vivimos en sociedad, entramos en contacto con otros individuos, lo que puede provocar diferencias. Y, por supuesto, desde esta perspectiva parcial, la felicidad es una condición transitoria, pues no es el único estado disponible en nuestro inventario anímico-emocional. Sostenerla puede llegar a ser un poco más complicado de lo que esperaríamos, pues no todos esos individuos con los que entramos en contacto en nuestra vida diaria, tienen el mismo nivel y refinamiento de la consciencia.
Aunque, como ya vimos, por encima de nuestras tormentas emocionales y sus nubes negras, nuestro ser esencial permanece resplandeciente mientras existamos. Aclaro que la anterior no es una afirmación religiosa o mística.
Estas son dos esferas muy distintas. La primera está frente a nuestros ojos cada día. Una segunda se abre más allá de nuestra vista, en el núcleo de la raíz de nuestra existencia, nuestro ser. Esta reflexión nos pone de frente ante una paradoja. ¿Es la felicidad un estado inmanente y transitorio al mismo tiempo?
Espera, antes de responder en automático, permíteme esbozar un par de ideas.
Mi respuesta a este enigma tiene dos dimensiones. En la dimensión trascendental, la felicidad es el estado natural de nuestro ser, es decir, es una condición estable. En este plano, la felicidad es un estado inmanente de consciencia lúcida muy activa, presente, y por naturaleza inseparable del ser, la verdad fundamental inherente que somos.
Es importante explicar que su luminosidad es el estado natural de nuestro ser. Nuestra esencia no puede dejar de ser lo que es por capricho de nadie o para ajustar su explicación a un modelo mental. No obstante, es significativo recordar nuevamente que somos seres conscientes viviendo, expandiendo y refinando nuestra experiencia humana.
Pero esta es sólo la primera dimensión en mi respuesta. Vista desde una segunda faceta totalmente independiente de la primera, la felicidad humana puede ser consciente y consistente, mas siempre es transitoria en el plano material-humano. Si sólo buscas y has experimentado vivencias en esta esfera existencial, este es el único fragmento de la respuesta con la que seguramente te identificas.
Ambas dimensiones de esta solución, son una misma respuesta con dos lados opuestos, como el anverso y reverso de la misma moneda.
Cuando hablamos de felicidad, no se trata de aferrarse y sostenerla “siempre” cegado de la realidad y el entorno. Por ejemplo, cuando necesites vivir un duelo o luto, vívelo, camina atravesándolo paso a paso. Pero no te anides en él. Al terminar tu experiencia, sé resiliente, regresa a casa, es decir, a tu estado emocional dominante, el cual espero que sea una felicidad consciente y consistente, expandiéndose sobre los rieles de una consciencia activa, lúcida, es decir involucrada, embebida, enfocada, centrada y comprometida, con tu conexión con la vida.
Yo experimento mi consciencia en distintos niveles de refinamiento, soy consciente de mi cuerpo, de lo que se siente moverlo y usarlo, de algunas sensaciones internas de mi organismo. También soy consciente de que pienso, recuerdo, imagino, aprendo, analizo, es decir de las funciones de mi mente. Y por supuesto me doy cuenta de que experimento emociones cuando el medio circundante me presenta estímulos, como un evento sorpresivo muy positivo o una mala noticia. Socialmente sé cómo me llamo, quiénes integran mi familia, mi lugar de origen y mi edad; también entiendo, aunque subjetivamente, el bien y el mal. Es decir, soy consciente de mi lugar en sociedad, de que tengo facultades mentales, de que puedo sentir emociones y de las sensaciones de mi cuerpo físico. Normalmente, cuando el cerebro funciona de forma adecuada, la gran mayoría abarca y domina este nivel.
Pero este primer nivel de consciencia física, mental, emocional, moral, conductual y social, no es suficiente para realizarse en la felicidad. Es decir, te das cuenta de lo que pasa en tu organismo, en tu mente y fuera de ella, pero no vislumbras ni sospechas que más allá, existen otras facultades del ser.
Yo le llamo consciencia lúcida activa al siguiente escalón. En un sentido práctico, el primer nivel de la consciencia es darse cuenta. Este segundo nivel nos permite darnos cuenta de que nos estamos dando cuenta. Es decir, nos habilita la capacidad de permanecer involucrados, afirmados y enfocados en la raíz de la experiencia misma mientras sucede y la vivimos, no distraídos pensando en lo que sucedió o imaginando lo que aún no ha pasado.
A través de un breve relato, entendamos juntos cómo la consciencia podría transformarte y ayudarte a dar ese paso, para evolucionar como persona.
Imagina que caminas en la calle, pasan autos y camiones muy cerca de ti, sigues avanzando hasta que llegas a la esquina de una amplia avenida conocida. Te detienes a lado de otros transeúntes esperando la luz verde para cruzar del otro lado. En ese momento te das cuenta de que sientes ansiedad por continuar tu camino y golpeas reiteradamente el piso con la punta del zapato, ya quieres continuar tu camino y te incomoda esperar. Sabes que son las 7:30 de la mañana y tienes junta a las 8 en punto. Hasta este instante, estamos en los niveles básicos de la consciencia.
Ahora visualiza que respiras profundamente dejando salir una larga exhalación. Y metafóricamente, una parte imaginaria de ti mismo da un paso atrás separándose de ti. Te observa como si fuera un testigo capaz de percibir tus pensamientos y puede mirar cómo se generan, cuál es su origen, cómo desencadena sensaciones y éstas un río de compuestos químicos por tu torrente sanguíneo. Notas que alguien dentro de ti está irritado, ansioso, frustrado. Pero, también sabes que tú no eres esa ansiedad, que no eres ninguna de tus emociones, ni tus pensamientos positivos o negativos. Esa parte de tu consciencia observa cómo tu corazón se acelera, a tus pupilas dilatándose como si estuvieras listo para cruzar a paso forzado para rebasar a todo mundo.
Esta narración, ilustra un breve destello de consciencia lúcida muy activa y presente. ¿Te imaginas cómo cambiaría y sería tu vida si tuvieras la habilidad para generar muchos momentos lúcidos como éste en tu día a día?
Yo te lo puedo decir: tendrías muchos errores, tantos que no podrías contarlos, pero un día evitarías por primera vez, uno de esos errores repetitivos y te darías cuenta. Después otro y luego otro nuevamente. ¿De qué te darías cuenta? De lo que piensas, de lo que sientes, de lo que dices y de lo que haces. Entonces tu consciencia lúcida activa comenzaría a permear tu vida dándole una nueva dimensionalidad, que rompería poco a poco tu encadenamiento al instinto y a los programas mentales irracionales, que han moldeado tu comportamiento por años.
Cuando sólo te identificas sólo con tu cuerpo y tu mente, este enfoque es inasible para la razón. Tu atención se deja arrastrar y queda atrapada por las exquisitas redes de la mente, tejidas con memorias sensibles y fantásticos espejismos.
Paulatinamente, notarías que has estado en una ensoñación involuntaria, en la que te han dominado antiguos programas emocionales, mentales y de supervivencia, que operan desde tu genética y desde tu aprendizaje social grabado como una serie de improntas involuntarias en tus primeros años de vida.
Es difícil entender que estamos en una especie de hipnosis. Como si actuáramos en una obra de teatro en la que jugamos un rol que continuamos en nuestra vida diaria sin darnos cuenta. La consciencia lúcida activa nos permite salirnos de ese papel que interpretamos para otros, con la finalidad de validar nuestra identidad en esa gran Matrix. Si aún no has visto esta película de 1999, te la recomiendo.
Podemos sentarnos a ver la obra desde las butacas como espectadores sin participación o regresar a la obra, pero siendo mucho más conscientes de hacia dónde queremos orientar el tema y la anécdota de nuestra propia historia.
Fíjate bien, mucha atención, dejarías de ser un personaje más al interior de esta gran obra de teatro, de esta poderosa representación hipnótica que todos vemos como nuestra realidad colectiva, para comenzar a ser el pensador, el dramaturgo, el escritor de tu propia historia. Entonces podríamos hablar de una posible realización en la felicidad como tu estado anímico-emocional dominante.
Y esa es la enorme diferencia.
La clave para realizarse en la felicidad es la consciencia activa o lúcida, es decir, estar involucrado, inmerso en la experiencia misma de la vida, eso quiere decir estar física, emocional y mentalmente presente mientras sucede. Como ya vimos en nuestros primeras entregas, cuando no estás inmerso en la experiencia, estás ausente y te pierdes de una parte importante, te pierdes de ti mismo.
Y cómo ya vimos en la entrega titulada Las 5 dimensiones de la felicidad, hay tres formas en las que la mente se desbarranca de la ruta del presente. La primera sucede cuando viaja al pasado para recordar. En la segunda, la mente viaja a un futuro inexistente gracias a la imaginación, mientras experimenta una vivencia. Y en la tercera, las emociones rebasan los niveles de la consciencia desbordándose en la mente y en nuestra fisiología. ¿Cuál te sucede con mayor frecuencia últimamente?
Cuando tu atención está tan cautivada por todo lo que ves, escuchas o piensas, desatiendes cómo tu consciencia se va explicando a sí misma la naturaleza de las cosas, a través del sutil ejercicio de contemplarlas sin apegarse o juzgar lo que se mira.
¿Notaste ya la importancia de la consciencia para conocerte un poco más a ti mismo y a ese delicado proceso que manifiesta tu más puro y legítimo estado de dicha?
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Hasta nuestra próxima entrega.
** Esta es una transcripción adaptada del guión original Felicidad lúcida y consciencia.

René Desantez
Autor y conferencista



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